jueves, 10 de marzo de 2016

Veintidós.

Me fui algo enojado de su casa, con mi bolso y ganas de largarme a llorar como un nene.

Me subí al auto y arranqué sin rumbo alguno.

“Te juro que quisiera poder, pero no sé cómo, no encuentro la manera ni el camino. No puedo, mi cabeza se configuró así y no puedo cambiarle el disco rígido.
Deseo de verdad que nunca nos hubiéramos encontrado, para que no estemos los dos así, pero sobre todo para que vos no estés así porque no te lo mereces, sos hermoso y no te hablo solo de lo bueno que estás, te hablo de que sos una persona hermosa y que se merece algo mucho mejor que esto. Te mereces alguien que te pueda querer sin miedo, alguien a quien puedas querer sin miedo.
Yo vivo con miedo, no lo puedo evitar, no lo puedo apartar. No puedo, ya lo intenté mil veces y no puedo.
Capaz era mejor que no vinieras, capaz era mejor que yo no te mande ese mail.
Capaz era mejor no habernos conocido.”


Y después de escuchar ese audio mis lágrimas aumentaron en cantidades considerables.

“¿Te das cuenta que a todo lo que decís le pones un “no puedo” adelante? ¿Te das cuenta de que te estás condenando a estar sola?
Te estás condenando a la soledad, a que no exista una persona que le importes, que se preocupe por vos, a que no haya nadie que te dé un beso o te mire a los ojos… Estás haciendo que no haya nadie para darte un abrazo cuando lo necesitas.
Te estás privando de la posibilidad de que alguien te quiera y te estás robando la posibilidad de querer.
No sé que es lo que merezco yo, lo que sé es que me gustaría que seas esa mujer con la que me una mucho más que unos días en la costa.

Pero… Ya sé: no podes.”


Suspiré y lo envié. Recibí un wap por escrito.

“No, no puedo.”

“Está bien… Si eso es lo que queres.”

“Olvidate de mí.”

“Ojala pueda Paula.”

“Sacate mi pulsera, yo voy a hacer lo mismo.”

“No sé si voy a poder.”


“Tirala al mar, deja que la naturaleza se lleve esta mentira.”

“No es una mentira. ¡No es una mentira que te amo!”

“¿Amarme?”


Y comencé a grabar un audio otra vez:

“Sí Paula, amarte. Te amo, te amo y no lo puedo evitar. Me enamoré de vos, me tenes atado de pies a cabeza. Lo único que quiero es estar cerca tuyo y no te das una idea de lo que me duele que vos no quieras lo mismo.
Busqué evitarlo… ¡Pero me enamoré!”

Me respondió con otro audio en el que casi no tenía voz por el llanto.

“No, no podes estar enamorado de mí.”

Y continuamos hablando por audios:

“Sí que puedo Paula. ¡Me enamoré!”

“Yo también me enamoré de vos… Y eso es lo más mierda de todo.”

“Enamorarse no es una mierda.”

“Para mí sí.”

“¿Podemos vernos?”

“No, no quiero verte otra vez.”

“Por favor… Merecemos que nos digamos esto mirándonos a los ojos.”

“No sé si lo soportaría.”

“Tenemos que ser maduros.”

“No puedo ser madura.”

“¡Deja de decir que no podes! Estoy yendo a tu casa y no voy a moverme de ahí hasta que me abras.”


Y eso es lo que hice. Dejé el celular en el asiento del acompañante y me dirigí otra vez a su casa.

Pasé varios minutos arriba del auto, tratando de tranquilizarme…

Pero, no podía. Bajé y toqué la puerta.

- Es verdad que no voy a irme hasta que me abras Paula.
- ¡Andate Pedro!
- No me voy a ir.

Y me asomé por la ventana.

- No voy a irme.
- Pedro, por favor. –Dijo sin mirarme.-
- Por favor vos, no tengas actitud de nena.
- ¡Hago lo que puedo!
- ¿Podes algo?
- No me forrees.
- ¿Podes abrirme?
- No Pedro. ¡Andate!
- Necesito hablar con vos.
- Bueno, yo no.
- Estamos hablando eh.
- No me trates así.
- Porque vos me estás tratando divino.

Paula abrió la puerta llena de bronca, tiró las llaves contra la mesa y se sentó en la mesada de la cocina sin dejar de llorar.

Yo me senté en una silla y traté de que las lágrimas no me ganaran, me dí cuenta que estar tan lejos era en vano… Asique me paré frente a ella.

- Estoy enamorado de vos. –Le dije sin vueltas.- Y vos también estás enamorada de mí, pero claro… ¡No podes!
- ¿Podes dejar de forrearme así nene?
- ¡Necesito que reacciones!
- ¡Y yo necesito que te vayas de mi casa!
- ¿Por qué te haces esto?
- ¿Qué es esto?
- Robarte a vos misma la posibilidad de ser feliz con alguien.
- Porque soy así.
- Tus argumentos son de nena. ¿Te das cuenta, no?
- Son los que tengo, seré una nena. –Y se encogió de hombros.-

- ¡Reacciona Paula! ¡Sos una mujer!
- Con actitudes de nena.
- ¡Deja de ser tan cerrada!
- ¡No puedo Pedro!

Se alejó de mí estallando en llanto.

- ¡No puedo! –Gritó.- Y no voy a poder.
- Deja de ser tan negativa.
- Soy así.
- ¿Te gusta ser así?
- No.
- ¿Y entonces?
- ¡Andate!
- No quiero.
- Pero es mi casa.
- ¡Pero me importas y no quiero dejarte así!
- Mandarte ese mail fue un error muy grande.

Dijo deslizándose por la pared, hasta quedar sentada en el suelo con su espalda contra la pared.

- Andate, porque si sigo llorando así me voy a morir.

Yo no dije más nada y me acerqué a ella. Me senté a su lado y la abracé por el costado, su cara se escondió en mi pecho y me abrazó por la cintura.

- Andate, por favor te lo pido.
- No puedo renunciar a esto.
- Hacelo…
- No Paula.
- Por favor Pedro, no sirvo para esto.
- ¿Por qué no lo intentas?
- No me insistas, me pones peor.

Yo suspiré, me separé un poco de ella y la tomé por las mejillas.

- No voy a dejar que esto se termine acá.
- Por favor…
- No me vas a hacer cambiar de opinión. –La besé.- Te amo. –Dije mirándola a los ojos y le dí un último beso.-

Me levanté y salí corriendo de su casa.




-

Aguante el bardo chiquis!

miércoles, 9 de marzo de 2016

Veintiuno.

El atado de cigarrillos ya se me había terminado, sentía mi cuerpo congelado. Mis brazos abrazaban mis piernas y estaba concentrada en el movimiento de las olas, las cuales estaban menos revoltosas que mi interior y eso que había viento eh.

No sabía cuántas horas habían pasado, pero sabía que eran muchas porque cuando llegué era de noche y ahora el sol ya había subido, aunque estaba escondido entre las nubes.

Me sentía en medio de una contradicción enorme que no sabía ni qué pensar.

Mi mente quería ir para un lado… Y mi corazón para el otro.

¿A quién hacerle caso?

Por eso me había alejado del amor, para olvidarme de las dudas, las contradicciones, los miedos y las lágrimas.

Sentí sus besos desde mi cintura hasta hombro y me abrazó por el cuello, arrodillado detrás de mí.

- Te vas a congelar.
- No me importa. –Dije tratando de ocultar mis lágrimas.-
- ¿Estás llorando?
- No.
- Mmm… -Besó mi mejilla.- ¿Vamos a tu casa?
- Me quiero quedar acá.
- Estás helada, te va a hacer mal.
- Hace horas estoy acá.
- ¿Queres que me vaya de tu casa y vos vas?
- No.
- ¿Y qué queres?
- Ojala lo supiera.

Y escondí mi cara en mis rodillas, quebrándome de una vez.

Pedro pasó su mano por debajo de mis piernas y por mi espalda, haciendo que me siente sobre sus piernas.

- No sé qué hacer, me siento una nena de 7 años y lo odio.
- Hey, hey. –Me besó.- Tranquila, castigándote no vas a llegar a ningún lado.
- Nunca voy a llegar a ningún lado yo. –Y sequé mis lágrimas con los puños de mi buzo.-
- ¿Por qué decís eso?
- Porque es lo que siento.

Y Pedro, sin decir nada, me abrazó y yo también lo abracé.

- Gracias.
- ¿Por qué?
- Por no juzgarme y por abrazarme.
-Besó mi mejilla.- No tenes que agradecerlo.

Pasaron algunos minutos y él se separó de mí, secó mis lágrimas con sus dedos y me dio un beso.

- ¿Vamos adentro? De verdad que te va a hacer mal.
- Mmm…
- Dale, hablamos de lo que quieras, pero adentro, metidos en la cama.
-Reí.- ¿Metidos en la cama?
- ¡Hace frío! –Yo reí.- En serio. –Me besó.- Es claro que necesitamos hablar.
- Sí…
- Por eso, dale. Y comemos los chocolates que dejamos.
- Me convenciste con los chocolates.

Reímos y nos levantamos.

- Veni. –Dijo agachándose.-
- ¿A dónde Pedro?
- A cococho.
- ¿Eh?
- ¡Dale! ¡Necesitas reírte!

Yo reí y salté sobre él, lo abracé por el cuello y él me sostuvo por mis piernas.

Pedro comenzó a correr y ambos reíamos.

- Estás loco. –Besé su mejilla.- ¿Me bajas?
- No.
- ¡Dale!
- No, vamos a ir así hasta tu casa.
-Reí.- ¿Así?
- Sí señorita.

Y comenzó a caminar hasta mi casa mientras yo reía.

Cuando estuvimos dentro, Pedro me hizo caer en la cama y yo no podía dejar de reírme.

- ¿No es más lindo reírse que llorar?
-Sonreí.- Sí.
-Me besó.- Voy a buscar los chocolates y hago café. ¿Queres?
- Sí, dale.

Los chocolates ya se habían terminado y el café también. Yo estaba sentada en mi cama, abrazando mis piernas y tratando de poder decir… Algo.

- Es lo mismo de siempre, no hay nada nuevo. –Dije y me encogí de hombros.-

Pedro se sentó frente a mí, con sus piernas cruzadas y la capucha de su buzo puesta.

- ¿No crees que capaz estaría bueno animarse una vez más?
- Te juro que el miedo me gana.
- ¿Me ves cara de malo?
-Reí.- Te hablo en serio.
- Perdón, solo quería hacerte reír. –Sonreí.-
- Está bien.

Se hizo un silencio en el que cerré mis ojos y tomé aire.

- No fue solo una desilusión amorosa, no me acuerdo si te lo dije o no, pero te voy a contar la historia completa. ¿Puedo?
- Obvio.
- Bueno, cuando era chica mis viejos se separaron porque él estuvo con otra y eso inevitablemente me marcó, después volvieron, se separaron otra vez, se juntaron otra vez… La realidad es que nunca entendí demasiado su relación y hace mucho tiempo abandoné la idea de entenderla, pero los veo mal y eso me hace mal a mí… No sé. –Me encogí de hombros.- Eso me hizo descreer un poco en el amor, aún así me enganché con el pelotudo de mi ex, de quien creo que no me enamoré, sino que lo idealicé y demasiado.

Y no pude evitar que mis ojos se llenen de lágrimas.

- Ese idiota se convirtió en mi mundo entero, creí que iba a salvarme la vida como buena pendeja inocente que era… Te juro que mi vida giraba en torno a él y solo a él, me había olvidado de mí. Era su novia y nada más que su novia. –Suspiré.- Estuvimos años juntos… Años en donde me olvidé de que yo era algo más que su novia, años en donde me olvidé de que más allá de todo yo seguía siendo una mujer. –Hice una pausa.- Me aislé de mi familia y de mis amigos, incluso de aquel entonces no me quedan amigos… Los únicos que tengo son lo que hice acá.

E hice una pausa más larga, prendí un cigarrillo.

- Me separé de él porque me metió los cuernos una cantidad superior a los dedos de mis manos y te juro que es literal... Y en ese momento se me cayó el mundo, se me vino abajo, todo se cayó sobre mí y fue horrible. Pasé meses encerrada en mi casa, sin querer ni poder salir, en medio de lágrimas y antidepresivos porque te juro que no dejaba de llorar.

Y en ese momento las lágrimas ya rodaban sin piedad por mis ojos.

- Y después de todo eso, pasó lo del secuestro que ya te conté y esa fue la gota que rebalsó el vaso.

Y apagué mi cigarrillo, sequé mis lágrimas con los puños de mi buzo y me crucé de piernas.

- Sentía que necesitaba un cambio y cambié. Me dí cuenta de que mi vida era mía y nada más que mía, que tenía que vivirla por mí y no por los demás… Entendí que la protagonista de mi vida tengo que ser yo y esto es lo que me salió…

Suspiré y Pedro no dejaba de mirarme a los ojos.

- Y creo que esto que salió no es lo mejor, pero ya no puedo cambiarlo.
- Ya cambiaste una vez…
- No puedo hacerlo otra vez. –Suspiré.- Es verdad que me siento sola, es verdad que me acostumbré a ser un objeto para los hombres y a vivir con dos mangos, pero esta es mi realidad y la tengo que aceptar.
- Nadie puede entregarse a aceptar algo que no quiere o con lo que no se siente cómodo… Sino, nunca hubieses podido cambiar como lo hiciste.
- Ya no tengo esa fortaleza, soy más grande.
- Hablas como si fueses una señora de ochenta años Paula.
- Capaz lo sea.
- No digas boludeces.
- No son boludeces, te juro que la estoy pasando mal.
- Yo no quiero hacerte mal.
- Lo sé, no sos vos…
- ¿Y entonces?
- No sé, capaz deba volver a aislarme.
- Podes amar a alguien sin dejar de amarte a vos misma y de ser la protagonista de tu vida.
- Quizás otros puedan, pero yo no…
- Todos podemos lo que queramos si le ponemos garra.
- Yo ya no sé.

Y prendí otro cigarrillo, pero Pedro me lo sacó de la mano y lo apagó.

- Esconderte atrás de un cigarrillo no va a solucionar nada.
- No te pases. –Le dije enojada.-
- No quiero pasarme, quiero que entres en razón.
- Esta es mi razón, mi realidad, mi modo de pensar…
- Pero, podes cambiarlo.
- ¿Y si no quiero?

Me paré y prendí otro cigarrillo llena de bronca.




-


Y se pone un poco intenso todo...

martes, 8 de marzo de 2016

Veinte.


Después de comer unos tostados, estábamos sentados en la cama.

Bueno, en realidad él estaba sobre la cama y yo sobre sus piernas.

- Tengo feria… -Suspiré.- Pero, me quiero quedar acá. –Y me acurruqué en él.-
- Vamos juntos.
- Pero…
- Dale che, no pierdas un día de laburo.
- No estoy vendiendo mucho igual. –Dije un poco preocupada.- Ya sé que es invierno, pero en otros inviernos hubo mucha más gente.
- Si queres yo te hago publicidad.
-Reí.- Sos un tarado.
- Dale, vamos. –Dijo haciéndome cosquillas.- Llevamos mate y te acompaño.
- ¿Seguro?
- Obvio que sí.
-Sonreí.- Sos muy lindo. –Lo besé.-
- Vos sos linda. –Nos besamos y reímos.-
- Me doy una ducha rápida y vengo.
- Te espero acá, aprovecho para hablar con mis viejos.
- Dale.

Me duché lo más rápido que pude porque era tarde y luego preparamos el mate con algunas galletitas.

Fuimos en el auto de Pedro hasta la feria y luego de quitar la manta que cubría las cosas que vendía, acomodé un poco todo y nos fuimos con Pedro detrás del mostrador.

- Veni… -Dijo tomándome por la cintura, ya que aún no me había sentado.-

- ¿A dónde?
- Acá. –E hizo que me siente sobre sus piernas.- ¿Estás bien?
- Sí… ¿Por?
- Tenes la carita medio triste.
- No, no es eso. Es que me sigue doliendo la cabeza.

Y sentí la mano de Pedro subir por mi espalda hasta mi nuca, para comenzar a hacerme masajes. Yo cerré mis ojos e intenté relajarme.

- Relajate che. –Y besó mi mejilla, yo reí.-

Pasamos la tarde y la noche juntos allí, la realidad era que Pedro me había ayudado muchísimo y convenció a bastantes clientes que se hubiesen ido sin comprar nada.

- Gracias. –Le dije acomodando la plata y cerrando el bolsito donde la tenía.-
- ¿Por qué?
- Hiciste un montón de ventas.
-Rio.- No hice nada…
- Sí que hiciste. –Le dí un beso.- Tenes que enseñarme esas tácticas.
- Puedo enseñarte todo lo que quieras. –Dijo abrazándome por la cintura.-

- Sos tremendo eh. –Y lo abracé por el cuello.-
- Es que sos hermosa. –Yo reí y nos besamos.- ¿Me aceptas una invitación?
- ¿A dónde?
- A comer.
- Mmm… ¿Pero a dónde?
- Vos conoces acá.
- Pero nunca voy a comer afuera. –Reí.-
- Entonces nos arriesgamos por algún lugar. ¿Queres?
- Dale.

-

Salimos con Paula de allí y cenamos juntos en un restaurant.

Como el centro estaba abierto, salimos a caminar un rato, eran vacaciones de invierno asique había bastante gente.

- Te estás congelado. ¿No? –Y besé su mejilla.-
-Rio.- Sí…

La abracé por el costado y froté su espalda y sus brazos con mis manos.

- ¿Queres que tomemos un café y volvemos?

- Prefiero comprar chocolate y hacer el café en casa.
- Mmm… Dale, compro el plan.

Compramos unos chocolates y volvimos a su casa con mi auto.

- Hace mucho frío. –Dijo tratando de prender la estufa.-
- ¿Podes?
- No, anda como el orto. –Dijo con bronca.-
- Tranquila, que puteando no vas a arreglarla.
-Rio.- Es que me vuelve loca, no la puedo prender nunca… Debe estar rota y claramente no tengo plata.

Yo busqué los fósforos en su cocina y me acerqué a la estufa.

- Permiso eh…

Saqué el armazón de la estufa y la revisé.

- ¿Tenes una pinza?
- Sí… ¿La queres?
- Sí, dale.

Paula buscó la pinza y me la alcanzó, yo ajusté unas tuercas y acomodé la perilla que estaba salida, volví a poner el armazón y le dí la caja de fósforos.

- Intenta ahora.

Ella prendió un fósforo y la estufa se prendió al toque.

-Sonrió.- Gracias. –Besó mi mejilla.-
- No fue nada che.
- ¿No queres ver la canilla del baño también? –Rio.-
- ¿Gotea?
- Era un chiste eh.
- ¿Gotea?
- Sí. –Rio.-

Y no la dejé responder, fui a arreglarla y pude… Aunque no tenía ni idea de esas cosas.

- Para que veas que tener un hombre en tu vida no es tan malo como parece… Tercer favor del día. –Hice una pausa.- Y favor con favor se paga.
-Rio.- ¿Y cómo sería eso?
- Se me ocurren muchas cosas. –Dije acercándome a ella.-
- ¿Muchas?
- Sí…
- Pero compramos los chocolates.
- Los podemos comer en otro momento los chocolates… ¿No te parece?
- Mmm… Podría ser.
- Re contra podría ser.

Y la tomé por la nuca, para besarla.

- Me parece que la mejor opción es dejar los chocolates para otro momento. –Dije sin dejar de besarla.-
- Mmm… -Y deslizó sus manos desde mi nuca hasta mi cintura.- ¿Vos decís?
- Yo re digo.

Reímos y la hice caer en la cama, sin dejar de besarla.

- Extrañaba mucho tu piel… -Dije bajando con besos por su cuello hasta llegar a su pecho.-
-Suspiró con una sonrisa.- Te juro que ya dudo que haya algún hombre que pueda hacerme sentir así de bien con sus besos.
- Eso sonó demasiado lindo.
-Rio.- Cuando me haces bajar la guardia no puedo evitarlo.
- Lo voy a hacer más seguido. –Dije y quité su remera.-
- No seas malo.
- No soy malo. –Y continué con los besos.-
- Sí sos malo.
- No… -Y mordí su cuello, ella gritó.-
- ¿Ves que sos malo?

Reímos y tironeándome del pelo hizo que vuelva a su boca.

- Tene cuidado conmigo. –Y ahora mordió mi labio.-
- ¡Vos tene cuidado! –E hice lo mismo.-

Paula hizo que diéramos media vuelta y quedó sobre mí, quitó mi remera y con sus manos masajeó por completo mi cuerpo desde mi cintura hacia arriba.

- Estás demasiado bueno. –Dijo tirándose sobre mí y volviendo a mi boca.-
- Vos también estás demasiado buena. –Dije desabrochando su corpiño.-

Hice que se arrodillara sobre el colchón, yo hice lo mismo y llené de besos y saliva su delantera mientras ella sostenía su cuerpo con sus manos sobre el colchón.

Sin dar demasiadas vueltas, estábamos desnudos los dos, sintiéndonos.

Nos habíamos extrañado y de eso no cabían dudas.

Su respiración agitada en mi oído y sus uñas clavándose en mi piel eran la señal prefecta de lo bien que la pasábamos en aquella situación.

-

Estaba recostada a su lado, aún desnuda y tapada con las mantas. Pedro se escondió debajo de ellas y llenó de besos mi cuerpo.

- Así no voy a poder volver a la realidad nunca. –Dije acariciando su nuca.-
- ¿Y quién te dijo que quiero que vuelvas? –Y tomándome por la nuca, hizo que nos besáramos.-

Pedro siguió con los besos durante un largo rato y nos quedamos dormidos los dos.

Me desperté en medio de la madrugada, me vestí porque moría de frío y me fumé un cigarrillo tratando de encontrar la calma que claramente no encontré.

Busqué mi campera y salí del departamento, corrí hacia la playa y me senté mirando el mar.

Estaba demasiado complicada, conmigo, con él y con el mundo.




-


Últimos quince capítulos...

lunes, 7 de marzo de 2016

Diecinueve.

Me estaba quedando dormida, por fin, cuando sentí que golpearon la puerta.

Me paralicé algunos segundos, pero entendía que no podía dejarlo en la puerta… Aunque quizás una parte de mí quería eso.

Me levanté de mi cama, acomodé un poco mis rastas y refregué mis ojos. Me paré delante de la puerta y abrí las cerraduras…

Tome aire y posé mi mano sobre el picaporte, abrí la puerta temerosa y lentamente… No entendía muy bien qué me estaba pasando.

Levanté mi vista con un poco de miedo y ni bien me encontré con sus ojos supe por qué era que lo quería. Sin decirnos nada, nos unimos en un abrazo infinito. Yo lo abracé por su cuello y él por mi cintura.

- Hola Rastita. –Dijo en mi oído y besó mi mejilla.-
-Reí.- Hola.
- No tiembles che. –Y me abrazó más fuerte.-
- Perdón…

Pedro me levantó del suelo y cerró la puerta con su pie, haciendo que entremos en mi casa. Yo hice que diéramos media vuelta y quedé contra la pared, sin soltarlo, al contrario, estaba cada vez más aferrada a él y mi cara se escondía en su cuello.

- Necesitaba mucho este abrazo. –Dijo en mi oído.-
- Me estoy dando cuenta de que yo también.

Y nos abrazamos aún más fuerte, porque sí: era posible.

- Pero deja de temblar en serio, no voy a hacerte nada malo.
-Sonreí.- Lo sé.
- ¿Me miras? –Preguntó.-

Yo moví mi cabeza hasta quedar frente a él y nos sonreímos.

Sus labios se acercaron con lentitud a los míos y nos besamos sin que nos importe nada más.

- Estás muy linda.
- Mmm… No creo, no dormí en toda la noche. Soy un desastre.
-Rio.- No, estás muy linda. –Y volvió a besarme.-

Me separé de él y caminé hacia la cocina, sintiendo como mi cuerpo se aflojaba.

- No te escapes.
-Reí.- No… -Lo miré.- ¿Queres tomar algo?
- No, vine a verte a vos… No a tomar algo.
- ¿Te vas hoy?
- ¿Vos estás loca?
-Me encogí de hombros.- No sé.

Pedro tomó mi mano y la besó.

- ¿Vos queres tomar algo?
-Reí.- Un café, tengo mucho sueño. ¿Queres?
- Dale…
- Ahora preparo… ¿Vos no trajiste bolso?
-Rio.- Está en el auto.
- ¿Queres ir a buscarlo?
- ¿Ya me estás echando?
-Reí.- No, te estoy invitando a que te quedes en mi casa. –Sonreímos y se acercó a darme un beso.- Dale, traelo antes de que me arrepienta.
-Rio.- Ahora voy a buscarlo… -Me dio otro beso.-
- Yo preparo el café, agarra las llaves.
- Dale Rastita.

Yo sonreí, me dio un beso y se fue.

Cuando cerró la puerta me apoyé con mis manos sobre la mesada de la cocina y suspiré profundo…

No sabía qué iba a pasar mañana, ni la semana que viene… Solo sabía que tenerlo acá me hacia bien y quería disfrutarlo.

Traté de dejar de lado todos los pensamientos negativos y comencé a batir los cafés.

Pedro entró, dejó el bolso a un lado de mi cama y me abrazó por la espalda. Besó desde mi hombro hasta mi cuello, yo sonreí.

-

Estar abrazándola otra vez me generaba algo demasiado lindo que quería disfrutar, durara lo que durara.

Estábamos sentados en su cama, frente a frente y cada uno con una taza de café en sus manos.

- Es raro tenerte acá otra vez. –Dijo y tomó un poco de su café.-
- ¿No te gusta?
- No… Me encanta. –Sonreí.- Igual… Sigo llena de miedo y de dudas.
-Posé mi mano en su pierna.- Creo que vamos a tener tiempo de hablar. ¿No?
- Sí… -Suspiró y yo besé su mejilla.-
- Dale che, te quiero ver con una sonrisa.

Ella sonrió y yo la besé.

- Es raro igual. –Me dijo.-
- Para mí también es raro, pero también es lindo.

Terminé mi café y lo dejé a un lado, ella hizo lo mismo.

- Para mí también es lindo. –Dijo.-

Se acostó, mirándome y buscó mi mano.

- ¿Qué te parece si dormimos un rato? –Me dijo.- Los dos estamos muertos de sueño y capaz cuando nos despertemos, estemos un poco menos… ¿Raros?
-Reí.- Mmm… Si puedo dormir con vos cerquita.
- ¿Ves otra cama acá?
-Reí.- No.
- Entonces podes venir acá nene.

Yo le dí un beso y luego quité mis zapatillas. Paula alcanzó la manta que estaba a los pies de la cama y se enroscó allí.

- Pensé que me preferías a mí…. ¿Una manta?
-Rio y la abrió.- Podes venir acá eh.

Reímos y me acosté frente a ella, metiéndome debajo de la manta con ella.

Paula cerró sus ojos y yo acaricié todas las facciones de su cara con mi dedo índice mientras ella sonreía. Tomó mi mano y besó uno a uno mis dedos, mirándome.

- Dormí Rastita.
-Sonrió.- Vos también…
- Solo si vos te dormís primero.
-Rio.- Manejaste un montón.
- Pero, cuando te duermas, me duermo yo.
- Mmm… Mira que el romanticisimo y la ternura extrema me aburren.
- De eso me dí cuenta, siempre me esquivas.
-Rio.- Perdón, es lo que me sale.
- Me gustas así, no te preocupes. –Ella sonrió.- Pero, quiero mimarte un rato. ¿No me dejas?
- Mmm… Creo que no puedo negarme.
- Entonces cerra los ojos. –Dije pasando mi mano por sus ojos para que los cierre y así lo hizo.- Intenta relajarte y descansa.

Me acerqué a ella y llené de besos suaves toda su cara, luego, me acomodé frente a ella y tomé su mano… La mimé hasta que se quedó dormida.

Y al rato, también me quedé dormido yo.

-

Cuando me desperté sonreí (y me sentía una pelotuda) al verlo dormir frente a mí. Noté que mi mano estaba unida a la suya y sonreí aún más. (y me sentía aún más pelotuda)

Suspiré profundamente y dí media vuelta para quedarme mirando el techo, me sentía más tranquila, pero no tanto.

Eran las dos y media de la tarde y me dolía la cabeza.

- Pau… -Susurró presionando mi mano.-
- Pepe…

Volví a girar y lo miré.

- Buenas tardes. –Dije y reí.-
- ¿Qué hora es?
- Las tres.
- ¿Estás despierta hace mucho?
- No, solo un ratito. –Besé su mano.-
- ¿Estás mejor?
-Reí.- Creo…
- ¿Crees?
- Ahora se me parte la cabeza.
- A mí también.

Reímos y nos quedamos en silencio.

- ¿Aspirina? –Pregunté.-
- Dale… ¿Tenes?
- Sí, ahora voy a buscar.

Fui a buscar las pastillas con un par de vasos de agua y las tomamos.

- Creo que quedarme acá con vos es muy tentador. –Dije y apoyé mi cabeza en su brazo.-
- Totalmente tentador.




-

Hoy no se pueden quejar que les subí dos capítulos al hilo eh.

No se olviden de comentar :)

Dieciocho.

No dormí en toda la madrugada, sentía que estaba caminando por un camino demasiado oscuro que no sabía a donde iba a llevarme.

“Estoy por salir…”

“Mmm… Yo no puedo pegar un ojo.”

“Dale, que te quiero despierta.”

“Jajaja, tonto!”

“¿Por qué no podes dormir?”

“¿En serio preguntas?”

“Mmm… Sí.”

“Estoy nerviosa, tengo miedo. Me siento rara, no sé nada.”

“¿Te sentís presionada por mí?”

“No, no es eso. Es que me siento rara. No importa.”

“Sí, importa.”

“Prefiero que lo hablemos en persona. ¿No te parece?”

“Sí, tenes razón.”

“Que tengas un buen viaje, avisame cuando llegues…”

“Gracias, capaz no te avise y te caiga de sorpresa.”

“¡Pedro!”

“¿Qué?”

“Nada, deja… Nos vemos en algunas horas.”

“Jajajaj, bueno. Nos vemos Rastita.”


Y cada vez me reconocía menos.

Yo no era esto… ¿O sí?

-

Frené para cargar nafta y la verdad era que me sentía bastante nervioso… La extrañaba, quería verla. Necesitaba verla.

Me saqué una foto con el amanecer de fondo y se la envié. 

“En camino a la locura.”

“¿Yo sería la locura?”

“No, lo que nos pasa.”

“Mmm… Novelero.”

“No creo que nuestra relación sea normal.”

“No, en eso tenes razón…”

“¿Dormiste?”

“No, nada.”

“Dormí que me quedan algunas horas todavía.”

“Cierro los ojos y aparece el miedo.”

“No quiero que te sientas mal por mí.”

“No es por vos.”

“¿Segura? Estoy a tiempo de volver.”

“¿Vos queres venir?”

“Sí Rastita, me muero por verte.”

“Entonces vení…”

“Estoy arrancando el auto otra vez.”

“Te espero.”


No entendía demasiado nuestra relación, pero aún así me hacia sentir bien.

-

- Está viniendo para acá. –Le dije nerviosa.-
- ¿Y no queres verlo?
- No, no es eso Teo.
- ¿Y qué es?
- El miedo que tengo.
- Te lo voy a sacar a golpes ese miedo.
-Reí.- Cuanto amor eh.
- En serio boluda… Dejate ser.
- Me dejo ser siendo libre.
- El amor no te quita la libertad.
- Mmm…
- De verdad.
- Para mí sí.
- ¿Para vos la libertad es garchar con quien quieras?
- No.
- ¿Y entonces?
- Me da miedo.
- ¡Mandalo a la mierda al miedo!
- Lo decís como si fuese fácil…
- No seas pelotuda.
- Para de bardearme nene.
- Te lo digo por tu bien.
- ¿Por mi bien?
- Lo que tenes con él no es una calentura… Si lo fuese, ya lo hubieras olvidado.
- Lo sé.
- ¿Entonces?
- ¡Entonces el miedo no se va!
- Intentalo.
- ¿Qué intente qué?
- Dejar el miedo.
- No sé si puedo.
- Pensa en que vas a poder… Y vas a poder.
-Suspiré.- Es todo una mierda.
- El amor no es una mierda.
- El miedo al amor es una mierda.
- Deja que lo que pase entre ustedes… ¡Pase!
- Me siento una nena.

Mi amigo me abrazó y yo se lo agradecí.

- Dale che, te mereces alguien que te quiera y te cuide.
- Te quiero mucho boludo.
-Besó mi mejilla.- Yo también te quiero hermanita.
-Sonreí.- Gracias por bancarme.
- Siempre te voy a bancar nena.
- Sos lo mejor que me pasó desde que decidí venirme acá.
- Apa, qué halago.

Yo reí y me separé un poco de él.

- En serio Teo.
-Sonrió.- ¡Dale! ¡Arriba nena!
- ¿Y si termino hecha un trapo de piso…?
- Yo voy a estar ahí para darte un abrazo.
- La mina que te gane… Se va a llevar el cielo.
- ¿Entonces el amor es para mí y no para vos?
- No lo sé.
- Dale che… ¡En serio!

Y en ese momento sonó mi celular.

“Ya estoy cerquita de esas rastas locas.”


- Está cerca. –Le dije a Teo.-
- Entonces me voy…
- No nene.
- ¡Paula! –Se paró y me saludó.- Me voy… ¡Y no te escapes!
-Reí.- Gracias, posta.
- Nada que agradecer.

Nos abrazamos y se fue.

“¿Vas a avisarme?”

“No señorita… ¡Sorpresa!”

“¿Venís a mi casa?”

“¿Se puede?”

“Sí…”

“Entonces sí…”

domingo, 6 de marzo de 2016

Diecisiete.

Caminaba de un lado para el otro con el celular… Dudando. Dudando con todo lo que tenía que ver con él.

Hacía semanas que quería escribirle y me moría de miedo por dos razones:

a- Quedar expuesta.
b- Que ya se haya olvidado de mí.

Intenté evadir opción a y opción b.

Me senté en mi cama, prendí un cigarrillo y abrí el mail desde el celular. No podía seguir escapando.


Para: Pedro Alfonso

De: Paula Chaves

Asunto: Seguís acá.

Fecha: 10-08-16


Pasan los días, pasan las noches… Y yo sigo acá, pero es no es lo grave: lo grave es que vos seguís acá.

Quiero retroceder el tiempo y evitar nuestro primer encuentro porque no puedo así. Me duele el cuerpo, me duele el alma… Te necesito cerca y sé que si te tengo cerca tampoco lo soportaría.

¡Odio la ambivalencia que tengo en este momento! ¡Yo no era así!

Yo me había decidido por un modo de vida, el cual me resguardaba de sufrir… Y vos llegaste para romperme esa maldita estructura.

No hablamos hace tres meses y te sigo pensando a cada segundo, sigo teniendo tu pulserita, la que me recuerda que aunque no quiera, seguís acá.

No sé qué hacer, te juro que no sé.”


Apagué el cigarrillo y prendí otro, dejé caer mi torso en el colchón e intenté buscar la calma en aquel maldito pucho… Claro que fue en vano.

No sabía si quería obtener una respuesta.

Mi celular vibró y me obligó a abrir mis ojos, apagué aquel segundo cigarrillo y nerviosa lo tomé entre mis manos.


Para: Paula Chaves

De: Pedro Alfonso

Asunto: Hola Rastita linda.

Fecha:
10-08-16

“Wow… Nunca creí recibir algo de tu parte y mucho menos algo así…

No sé muy bien por dónde empezar, solo decirte que me pasa lo mismo, no puedo olvidarte y necesito tenerte cerca… No sé si odio que me pase, lo que odio es que vos no puedas y sé que no es tu culpa, o quizás sí… No sé.

¿Puedo llamarte? Te extraño demasiado.”


Suspiré y busqué su contacto en mi celular…

- Hola Rastita.

Y cuando lo escuché del otro lado no pude evitar contener las lágrimas. ¡Me sentía una pelotuda!

- Hola… -Dije tratando de que no notara mi estado.-
- ¿Cómo estás?
- No sé, bastante que estoy… ¿Vos?
- Bien ahora que te escucho y sé de vos.
-Suspiré.- Siento que me estoy metiendo de nuevo en un pozo sin salida.
- Me muero por verte.
- Nos vamos a hacer mierda.
- ¿No estamos hechos mierda ya?
- No sé… Capaz sí.
- Yo estoy de vacaciones ahora.
- No, para… No te cebes.
- Estás llorando, me gustaría mucho estar ahí para darte un abrazo.
- A mí me gustaría no estar llorando por esto otra vez.
- ¿Qué sería “esto”?
- No hagas que te lo diga, bastante con ese mail que te mandé.
- No te sirve de nada negarlo.
- La estoy pasando mal de verdad.
- Por eso quiero que nos veamos.
- ¿Para qué?
- Te extraño Paula.
-Sequé mis lágrimas.- Yo también.
- ¿Seguís viviendo en el mismo lugar, no?
- No importa eso.
- No voy a dejar que esto se termine… Menos sabiendo que me queres.
- Demasiado te quiero.
- Animate…
- Ya me animé y no me salió bien.
- ¿Y por qué crees que otra vez va a salir mal?
- No sé.
- ¿Ves que no tenes fundamentos?
- Mis fundamentos tienen que ver con la depresión horrible que tuve.
- Nunca haría algo que te haga mal.
- ¿Por qué me queres así?
- ¿Y vos? ¿Por qué me queres?
- Te pregunté primero.

Escuché que suspiró y ruidos, asique supongo que cambió de posición.

- Te quiero porque cuando estoy con vos me siento bien… Te quiero porque cuando te miro a los ojos veo una mina hermosa que se merece mucho más de lo que cree, porque me gusta reírme con vos, porque me gusta besarte, abrazarte y desnudarte. Te quiero porque tu energía encaja muy bien con la mía, porque me gusta sentirte cerca. Te quiero porque te quiero Rastita.

Yo sonreí y me senté en la cama.

- ¿Vos?
-Suspiré.- Simplemente te quiero porque me haces sentir bien… Y hacia mucho no me pasaba eso.
- Necesito verte.
- ¿Estás seguro?
- Tengo de vacaciones estas dos semanas…
- Pero…
- No nos privemos de pasar lindos días juntos.
- ¿Y después?
- Nadie sabe que va a pasar después.
- Tengo miedo. –Confesé.-
- Y yo quiero abrazarte para que se te pase ese miedo.
- Mmm…
- ¿Si voy me vas a echar?
-Reí.- No.
- Entonces, ya salgo para allá.
- ¿Ya?
-Rio.- Tengo auto.
- Ah, bueno… ¡Sorry eh!
-Rio.- En serio, me muero por verte.
- Pero…
- ¿Vos queres verme?
- Sí…
- ¿Entonces?
- No sé, hace lo que quieras.
- ¿Y qué queres vos?
- Verte. –Suspiré.-
- Entonces voy a ir.
- Te repito: ¿Estás seguro?
- Muy seguro.
- Bueno, está bien…
- ¿Esa onda le vas a poner?
-Reí.- No sé, me siento muy rara.
- Te quiero mucho. ¿Sabes?
-Sonreí.- Yo también te quiero, mucho…
- Cuando te des cuenta, voy a estar abrazándote.
- Creo que eso me gustaría mucho.
- Salgo a primera hora.
-Reí.- Sos un cebado.
- Sh… ¡Quiero verte cuánto antes!
- Voy a estar esperándote…
- Sos tan linda.
- Igual, para… -Hice una pausa.- Porque de verdad no sé qué puede pasar y de verdad que me estoy muriendo de miedo.
- Quiero que nos veamos… Que hablemos todo lo que queramos o necesitemos hablar. ¿No te parece?
-Suspiré.- Sí, puede ser…
- No pensemos en lo que pasó ni en lo que puede pasar… -Hizo una pausa.- Pensemos en lo bien que la podemos pasar si estamos juntos.
- Sabes convencer.
-Rio.- ¿Tanto como convencerte?
- Bueno, al menos me haces dudar.
- Voy por buen camino entonces.
-Reí.- Puede ser…
- Deja de llorar.
- Ahora va… -Reímos.-
- En serio, no voy a hacer nada que te haga mal.
- No sé por qué, pero hay algo tuyo que me hace confiar.
- Pensemos en pasar lindos ratos ahora que puedo ir a verte. ¿No te parece?
- Mmm… Sí.
- Me hizo muy bien volver a escucharte y aún más saber que voy a verte.
- A mí también. –Sonreí.-




-

¿Reencuentro? ♥

sábado, 5 de marzo de 2016

Dieciséis.

“No seas así con vos…”

“¿Así cómo?”

“De negarte a las cosas lindas.”

“Sufrí mucho y no estoy dispuesta a que me pase otra vez.”

“¿Me ves muy malo?”

“No, no es eso… Te juro que el problema no sos vos.”

“¿Y cuál es el problema?”

“Que no me puedo sentir segura con ningún sentimiento, por mí… No confío en mí.”

“Es complicado que alguien confie en sí mismo.”

“No me enrosques… No me importa lo que le pasa al resto, me importa lo que me pasa a mí.”

“¿Y qué te pasa a vos?”

“Te quiero y odio quererte.”

“Querer debería ser lindo.”

“Pero no así… ¿Entendes que no sirvo para una relación?”

“¿No tuviste una relación?”

“Y así me fue…”

“No todos los hombres son iguales.”

“Son figurita repetida.”

“Te juro que no…”

“Perdón, pero no puedo Pedro.”

“No soporto la idea de no verte nunca más.”

“Yo tampoco, pero sé que se va a pasar.”

“¿El amor se pasa?”

“¿Tanto como para llamarlo amor?”

“Yo creo que sí…”

“Me da miedo esa palabra.”

“¿Por qué no te dejas querer y cuidar?”

“Un amigo me dijo exactamente lo mismo…”

“Capaz deberías entregarte un poco más…”

“Bastante entregada estoy con la vida.”

“Con la vida, no con las personas.”

“Hago lo que me sale.”

“Animate Rastita.”

“No puedo, no insistas.”

“Quiero volver a verte.”

“Por ahora no…”

“¿Por ahora?”

“No sé, no me enrosques.”

“Vos estás enroscada con esas rastas.”

“Sos un tarado, me haces reír y no quiero.”

“Es lindo reírse.”

“No en medio de las lágrimas.”

“¿Estás llorando?”

“No importa eso…”

“¿Puedo llamarte?”

“No, te lo suplico.”

“No quiero que llores.”

“Y yo no quiero llorar, jaja.”

“No llores más.”

“Necesito que terminemos esta conversación.”

“Y yo necesito que no llores.”

“Cuando te olvide, capaz deje de llorar.”

“No quiero que me olvides.”

“Por favor Pedro…”

“¿Para qué son nuestras pulseritas?”

“No lo sé.”

“Soy capaz de tomarme el primer micro que salga para allá.”

“No, por favor no…”

“Quiero verte otra vez.”

“Ya te dije que ahora no.”

“¿Eso puede darme esperanzas?”

“No lo sé, no sé nada en este momento.”

“Te quiero… No lo olvides.”

“No sé muy bien qué decirte. Solo que no puedo.”

“Está bien, tampoco quiero hacerte peor insistiéndote…”

“Gracias.”

“Ojala algún día te des cuenta de que hay hombres que podemos amar de verdad, aunque ese hombre no sea yo.”

“Sos muy tierno.”

“Solo con las personas que quiero…”

“Me voy a ir a caminar por la playa porque necesito tranquilizarme y confieso que me gustaría que camines de mi mano, pero aún así no puedo.”

“¿Me prometes que cuando quieras hablar conmigo lo vas a hacer?”

“Está bien…”

“¿Me lo prometes?”

“Sí, te lo prometo.”

“Gracias.”

“A vos… Tenes mucha paciencia, jaja.”

“Solo con las personas que me importan.”

“Mucha ternura también.”

“También es solo con las personas que me importan.”

“Me cuesta creer que le importo a alguien.”

“Creelo porque sos hermosa, sobre todo por dentro.”

“¿Me conoces tanto como para decirme eso?”

“Lo leo en tu mirada… Además, creo que un poco te conocí. ¿O no?”

“Mmm… Sí, puede ser. Ahora me voy en serio…”

 “Está bien… Un beso Rastita linda.”

“Un beso…”


Dejé mi celular en la cama y sin pensarlo demasiado corrí hasta la playa.

Me dejé caer contra la arena, arrodillada allí… Tratando de que el frío que hacia apartara de mí la angustia. (Claro que en vano)






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Ya veremos donde terminan estos dos. ¡Comenten por favor!