Volvimos a su casa en la madrugada y la realidad era que aún no podía creer estar junto a ella otra vez.
Habíamos pasado por una rotisería a comprar empanadas y allí estábamos, cenando y juntos.
La ayudé a levantar y las cosas y le propuse:
- ¿Vamos a caminar?
- ¿No hace frío?
- Mmm… Puede ser, pero no me quiero perder que tengamos frío y tengamos que abrazarnos.
-Sonrió.- Creo que me va a explotar la cabeza.
- Capaz es mejor que disfrutes.
-Suspiró.- Puede ser.
- Dale… ¿Vamos?
- Odio que me convenzas con tan solo mirarme.
Yo reí y me puse mi abrigo, ella hizo lo mismo y salimos de su casa.
En la playa, ella iba caminando un poco más adelante, con sus manos en sus bolsillos y sus rastas sueltas.
- Quería que caminemos juntos. –Dije alcanzándola.-
-Rio.- Yo quiero no tener una contradicción tan grande adentro mío.
- ¿Cuál sería esa contradicción?
- Querer estar y no estar acá.
- Mmm… -La abracé por el costado.- Me parece que te enroscas demasiado con cosas simples.
- No es simple esto para mí.
- No te estoy pidiendo que estemos toda la vida juntos, solo este fin de semana.
-Suspiró.- Me odio en este momento.
- ¿Por qué?
- Porque no soporto ser tan histérica.
Yo la besé y la abracé.
- No sos histérica, sos hermosa.
- Mmm…
- En serio. –Besé su cuello y ella escondió su cara en mi pecho.- ¡Dale Rasta loca!
-Rio.- ¿Qué?
- ¡Quiero que sonrías!
Ella rio y se separó un poco de mí.
- Tenía muchas ganas de verte y la paso muy bien con vos, eso no puedo negarlo.
- Entonces… -La besé.- Disfrutemos de que estamos juntos porque a mí me pasa lo mismo. ¿No te parece?
- Sí. –Respondió y me besó.- Pero tengo mucho frío acá, en serio.
La abracé contra mi pecho y ella cerró sus ojos.
- Capaz que esa cabeza llena de rastas no debería impedirte pasar buenos momentos.
- Sufrí mucho y no quiero seguir sufriendo.
- ¿Con qué?
- Estando rodeada de gente.
- ¿Tuviste alguna desilusión amorosa?
- Mmm…
- ¿No era que nunca te habías enamorado?
Ella se separó de mí y se prendió un cigarrillo.
- ¿Queres? –Me ofreció.-
- No, quiero que me respondas.
-Suspiró.- Estuve enamorada, de un pelotudo.
- ¿Y por eso te alejaste?
- Creo.
- ¿Puedo saber qué es lo que pasó?
- Cuernos. ¿Qué va ser?
- ¿Y ahora crees que todos los hombres son iguales?
- Supongo. –Fumó y largó el humo.-
- Que feo ese prejuicio.
-Rio.- Hago lo que puedo.
- A mí me parece que atrás de esa coraza liberal que te armaste, hay un corazón que sufre.
Paula se encogió de hombros y comenzó a caminar en dirección a su casa.
- El que calla otorga.
- No quiero hablar de estas cosas.
- Aunque no las hables, pasan.
- ¿Y?
- ¿Seguís enamorada de él?
- No, creo que nunca fue enamoramiento ni amor. Era idealización, obsesión. Por eso lo odio a él y me odio a mí.
- ¿Y no crees que capaz podrías querer a alguien sanamente?
- Prefiero no exponerme.
- No te expones, pero te quedas sola.
- No me enrosques.
- Quiero enroscarte.
- ¿Por qué sos así?
- Quiero enroscarte a mí. –La besé.-
-Mordió su labio.- Me generas un poco de violencia. –Rio.-
- Hey… ¿Por qué?
- Porque buscas palabritas lindas para disfrazar la realidad que es que me queres garchar.
- ¿Está mal que quiera?
- No, porque yo quiero lo mismo. –Dijo y fumó por última vez, luego tiró el cigarrillo a la arena y lo apagó con su pie.- Pero, las cosas por su nombre. ¿No?
- Estoy enamorado de vos.
- ¿Y eso qué tiene que ver?
- Dijiste que las cosas con su nombre.
Ella suspiró y salimos de la playa. Fuimos en silencio hasta su casa.
Entramos allí y seguíamos en silencio hasta que encontramos nuestras miradas y reímos.
Caminé hacia ella hasta dejarla contra la pared.
- Vas a volverme loca.
- Es linda la locura. –Dije y la besé.-
- ¿Vos decís?
- Yo digo… -Dije aferrándola a mi cuerpo por su cintura.-
- Me estoy muriendo de frío. –Dijo.-
- Mmm… -Besé su cuello.- Capaz yo puedo hacer algo con eso.
- ¿Algo como qué?
- Hacer que la temperatura de tu cuerpo suba.
-Rio.- Me encantas y odio que así sea.
-Mordí su cuello y ella se quejó.- No seas mala.
- Vos no seas malo, eso me dolió.
- Callate un poco. –Y mordí su oreja, ella rio.-
- Hace que me calle entonces.
Busqué sus labios con los míos y la besé, sin dejarla respirar.
- ¿Así o de otro modo queres que te calle?
Ella rio y me besó, tomándome por la nuca.
-
Estaba de nuevo en mi cama y estábamos los dos desnudos otra vez.
Él dormía a mi lado y yo no podía dejar de mirarlo, era tan hermoso que quería morirme allí mismo.
Una y mil veces me había prometido nunca más engancharme con un hombre y ahora estaba enganchada con él y no solo corporalmente.
Cuando lo sentía cerca me sentía bien y aunque quisiera negarlo, era imposible.
- ¿No dormís?
-Reí.- Creo que tengo insomnio fuerte.
- ¿Debido a…?
- A que estás en mi cama.
- ¿Me estás echando?
-Reí.- No, no te estoy echando. –Dije acariciando su pecho con mi mano.-
- Estás helada. –Me dijo.-
- Perdón, es que tengo frío.
Pedro acomodó las mantas sobre mi cuerpo y quedamos los dos acostados, frente a frente.
- No estoy tan segura de poder.
- ¿Poder qué?
- No sé.
- ¿Poder qué? –Repitió.-
- Esto.
Él posó su mano en mi pierna, por debajo de las mantas y yo suspiré.
- Por ahora, no te veo con mucho inconveniente.
-Reí.- Sos un tarado, no hablo de estar acá.
- ¿Hablas de…?
- De lo único que hablo desde que volvimos a vernos.
Subió con su mano por el costado de mi cuerpo hasta mi cara.
- Estás más enroscada que esas rastas.
-Reí.- Espero mañana despertarme mejor, de verdad que quiero disfrutar que estás acá.
- Entonces dormí…
- Está complicado.
- Cerra los ojos.
Yo hice lo que él me pidió y se metió debajo de las mantas, besó mi cuerpo desnudo de punta a punta e hizo que mi cabeza frenara, que pudiera tranquilizarme.
- Gracias. –Susurré.-
- Sh… -Besó mi frente.- Descansa.
- Vos también. –Dije buscando su mano y la tomé.-
Me encanto! Poco a poco Pau se abre cada vez mas. Y pepe es muy tierno :)
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