martes, 23 de febrero de 2016

Cuatro.

- ¿No era que tenías sueño? –Pregunté a su lado, la sábana cubría nuestros cuerpos desnudos.-
-Rio.- Vos mismo dijiste que las oportunidades se dan una sola vez.
-Acaricié su espalda.- Ahora podes dormir si queres.
- ¿Vas a irte?
- Puedo avisarte antes.
- Mmm… Sí.
-Sonreí.- ¿Eso quiere decir que te gusté al menos un poquito?
- No hubiese vuelto a coger con vos… Pensa un poco.
-Reí.- Está bien, está bien. No te enojes. –Besé su hombro.- Dormí.
- Vos también.

Cerró sus ojos y a los pocos minutos se quedó dormida.

Yo estaba acostado a su lado, sosteniendo mi cabeza con mi brazo y recorriendo su piel con mi otra mano.

Seguía sin saber qué, pero algo de ella me encantaba y no me agradaba la idea de no verla nunca más.

Levanté mi vista y vi sobre la mesita de luz un pilón de tarjetitas… Tomé una entre mis manos y sonreí, era lo que necesitaba. La guardé en el bolsillo de mi pantalón y volví mi vista a ella.

Habían pasado varias horas, asique me vestí y me levanté para preparar un desayuno, con cuidado de no despertarla.

Preparé dos tazas de café con unas galletitas que encontré en su alacena. Dejé las cosas en su mesita de luz y me arrodillé en el suelo, frente a ella.

Acaricié con mis dedos su cuello y su mejilla. Paula se movió y yo reí.

- Buen día. –Dije.-
- Mmm… Hola. –Dijo refregando sus ojos.- No creí que seguías acá.
- Me dijiste que no me vaya sin avisar.
- Pero los hombres nunca cumplen su palabra.
- Apa, qué prejuicio feo.
- No es prejuicio, es algo que comprobé con el paso del tiempo.
- Bueno, entonces capaz yo sea la excepción que confirma la regla.  –Ella rio.- Traje algo para desayunar, espero que no te moleste.
- No, no me molesta. –Dijo alcanzando su remera.-
- Bueno, mejor.

Ella sonrió y se puso su remera. Se sentó en la cama y yo me senté frente a ella.

- Que paja volver a la vida mañana. –Dije suspirando.-
- Vos decidís vivir esa vida.
- ¿Yo?
- Y sí Pedro. Es tu vida.
- Pero no sé cuánto decido yo de esa vida…
- Capaz es algo que tengas que plantearte.
- No todos podemos ser tan liberales como vos.
-Rio.- No te digo eso, solo te digo que te animes a plantearlo.
 Sí, puede ser…
- Fijate, no sé.

Se encogió de hombros y tomó un poco de su café.

- ¿A qué hora tenes que irte?
- A las cuatro.
- ¿Te animas a acompañarme a la playa? Necesito aprovechar los últimos días de turismo para vender… Igual, si no queres no…
-La interrumpí.- Me encantaría.

Paula sonrió y yo la besé.

- Te estás yendo al carajo. –Dijo.-
- Me dijiste que te gusta, no te quejes. –Y volví a besarla.-
- Mejor me cambio. –Dijo esquivándome.-
- ¿Siempre esquivas o que te gusta?
- ¿Quién esquiva?
- ¡Vos!
- Mmm… Flasheas cualquiera.
- Sé que no.
- ¿Lees mentes y no sabía?
- No me hubieses invitado a vender con vos.
- Si no queres venir no pasa nada eh.
- Si que quiero ir.
- Entonces tengo que cambiarme.
- Okei, okei. Te espero en la playa.
- Dale.

Salí de su departamento y crucé a la playa, me quedé esperándola en un médano.

¿Por qué la había encontrado el último día?

No quería irme.

 -

No entendía muy bien mis reacciones ante él, pero fiel a mi personalidad, no iba a enroscarme.

Me cambié, me lavé los dientes, me puse un poco de protector solar y busqué mis cosas: el celular, la mercadería, la billetera y las tarjetitas.

Crucé a la playa y lo busqué a Pedro.

- ¿Vamos? –Le pregunté.-
- Dale.

Comenzamos a caminar, él detrás de mí y así pasamos el resto del tiempo.

Él me acompañaba y en los tramos que nadie se acercaba, nos mirábamos, reíamos, charlábamos y me robaba besos.

Un poco antes de las tres tarde, volvimos a mi casa.

- ¿Algo de tomar? –Pregunté.-
- ¿Algo fresco?
- Dale.

Serví dos vasos de gaseosa y le ofrecí uno.

- ¿Vendiste bien? –Preguntó.-
- Sí. ¿Qué se yo? –Reí.- Vendí… Quedan algunos días más de movida igual.
- ¿En el invierno no te aburrís?
-Reí.- No, aprovecho para hacer cosas… Después en el verano no me da el tiempo de producir tanto.
- Ah… Claro.

Y en ese momento se hizo un silencio.

Yo acomodé mis rastas en una especie de rodete y fui a dejar los vasos a la cocina.

Pedro me sorprendió abrazándome por la espalda y suspiré.

- Creo que nos merecemos una buena despedida. –Dijo acariciando mi panza.-
- ¿No te cansas nunca?
- No. –Mordió mi oreja.- Menos con vos.
- Me conoces hace un día.
- ¿Y?
- Y eso…
- ¿Eso qué?
-Rio.- Que la pasé muy bien con vos… -Dijo recorriendo con besos mi hombro.- Y que quiero despedirme.
- ¿Y yo no puedo negarme?
- ¿Queres negarte?
- Mmm… No.

Lo sentí sonreí e hizo que dé media vuelta, me trabó contra la mesada y me besó. Yo posé mis manos sobre la mesada, para sentarme sobre ella y capturar con mis piernas sus caderas.

Llevé mis manos a su nuca e hice que nuestras lenguas se encuentren aún más.

- Qué lastima saber que vamos a estar tan lejos. –Dijo sin dejar de besarme.-
-Reí.- Disfruta ahora… -Mordió mi labio.- ¿No te parece?
- En eso tenes razón.

Volvimos a unir nuestros labios y sentí sus manos deslizarse por mi espalda, hasta que me obligó a subir mis brazos y me dejó desnuda de la cintura para arriba.

Lo tomé por la nuca y lo obligué a introducirse allí con su lengua, lo cual hizo a la perfección.

Quité su remera y su pantalón, para dejarlo caer al suelo y acercarlo aún más a mí.

- Se siente demasiado bien. –Dije rozando sus labios con los míos.-
- Así se va a sentir mejor.

Dijo y me hizo bajar de la mesada para quitar mi pollera, volvió a sentarme allí y presionó su pelvis con la mía.

- Creo que tenías razón. –Dije recorriendo su espalda con mis manos y sintiendo como la temperatura de mi cuerpo comenzaba a llegar a las nubes.-
- No te mentiría.


Reímos y volvimos a besarnos. Mis dedos se clavaron a los costados de su cuerpo y también quité su boxer, sin dejar de besarlo lo volví loco con mis manos y él hizo lo mismo con sus dedos.

Sentí que corrió mi ropa interior hacia un lado y sin previo aviso, lo sentí dentro. Me aferré a su nuca, dejando que mis uñas se claven en su piel y él comenzó a moverse.

Sus manos me sostenían con fuerza por mis omoplatos y ambos expresábamos el placer en el oído del otro.

Sin lugar a dudas, había sido el mejor hombre que probé en mi vida.





-

¡Cuarto capítulo y todo lo que falta! Me copa que les guste y les parezca bien distinta, porque era la idea ;)



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