sábado, 27 de febrero de 2016

Ocho.

Claramente no me reconocía y no sabía lo que estaba haciendo, pero lo estaba haciendo.

Escuché el timbre y creo que temblé de pies a cabeza e incluso más.

- ¿Pedro? –Pregunté nerviosa.-
- Sí Rastita.

Sonreí y me acerqué a abrir la puerta.

- Hola. –Dije tratando de mostrarme firme.-
- Hola. –Respondió y besó sentidamente mi mejilla, no pude evitar cerrar mis ojos.- ¿Cómo estás?
- No sé. –Reí.- ¿Vos?
- Creo que tampoco. –Reímos.- ¿Me aceptas una caminata por la playa?
- Dale.

Yo busqué una cartera tejida que tenía, me puse un buzo y salí con él. Caminamos en silencio hasta la playa y cruzamos el medano.

Hacía mucho frío y no había nadie.

Caminaba algunos pasos delante de él, simplemente porque no sabía qué decir y me sentía una completa pelotuda.

Me alcanzó y me abrazó por la espalda.

- Tenía muchas ganas de verte. –Besó mi mejilla.-
- Me siento muy rara.
- ¿Por qué?
- Porque no entiendo qué me pasa. ¿Podemos hablar?
- Sí queres…
- Por favor.

Me senté en medio de la playa y prendí un cigarrillo, le ofrecí uno a él y se sentó frente a mí.

- Todavía no entiendo por qué, pero no puedo dejar de pensar en vos. –Dije y fumé.-
- ¿Amor?
- No sé que es el amor. –Dije.- Y tampoco sé si quiero saberlo. –Hice una pausa y fumé otra vez.- ¿Vos sentís amor?
-Fumó haciendo una pausa eterna.- Creo.
- No sé si está bien esto.
- ¿Qué sería esto?
- Estar frente a frente.
- Yo tenía muchas ganas de verte y de verdad.
-Suspiré.- Yo también.

Pedro tomó mi mano y acarició la pulserita.

- O te gustó mucho esa pulserita o…
- ¿O qué?
- No sé, decime vos.
- Te dije que no sé que me pasa.

Y apagué con bronca el cigarrillo en la arena. Pedro hizo lo mismo y sin dejarme reaccionar, sentí sus labios sobre los míos.

- Me moría por besarte. –Susurró.-

Yo no supe como reaccionar y lo abracé, escondiendo mi cara en su hombro. Él también me abrazó.

- Es la primera vez que me siento tan indefensa frente a un hombre. –Suspiré.- Y te lo estoy diciendo de verdad.

Me abrazó más fuerte y besó mi mejilla.

- Nunca te haría mal. –Me dijo.-
- Es que el problema no sos vos, soy yo. –Reí.- Ya sé es una frase hecha, pero es verdad.

Me separé un poco de él y rasqué mi sien.

- Soy yo que no sé cómo se hace esto y que tampoco sé si quiero saberlo.
- ¿Vos me dijiste que había que animarse o flasheo?
-Reí.- Puede ser, no sé… No me acuerdo.
- ¿Pero crees en que hay que animarse?
- Sí.
- ¿Y entonces?
- Me estás enroscando mucho.
- Me gustas mucho Paula. –Me dijo sin rodeos.- Y si no pude dejar de pensarte en estos dos meses es porque es la posta.

Tapé mi cara con mis manos y no pude evitar las lágrimas.

- Me siento una pelotuda y no sé que hacer.

Pedro quitó las manos de mi cara y me tomó por el mentón, para que lo mire.

- Por lo pronto… No llorar. –Reí.- ¿Puedo abrazarte?

Yo asentí con mi cabeza y él me abrazó.

- No sé si debería decírtelo, pero me enamoré de vos. –Dijo en mi oído.- Pero, no quiero hacerte mal.
- No me haces mal, me hace muy bien que me abraces.

Me abrazó más fuerte y dejé caer varias lágrimas.

- ¿Qué te parece si vamos a tu casa? Nos estamos muriendo de frío los dos y así como estás no podemos hacer mucho.
-Reí.- No sé…
- ¿Qué no sabes?
- Nada. –Respondí separándome de él y secando mis lágrimas.- Pero, vamos.

Pedro se levantó y me dio las manos para que me levante también. Fuimos abrazándonos por el costado hasta mi casa y entramos.

- ¿Algo calentito? –Propuse.-
- Dale, pero si dejas de llorar.

Yo reí y preparé dos tazas de café. Nos sentamos en la mesa, frente a frente. Subí mis piernas a la silla y las abracé.

- Tengo miedo. –Confesé.-
- ¿De qué?
- De no poder seguir viviendo como hasta ahora.
- Dicen que en la vida hay que cambiar.
- Yo ya cambié demasiado.
- Dicen que en la vida hay que probar de todo.
-Reí.- ¿Y qué más dicen?

Él rio también y tomó mi mano.

- Tengo muchas ganas de que esa boca esté más cerca de la mía.
-Reí.- No me la estás haciendo muy fácil.
- Creo que si tenemos algunos días para estar juntos podríamos aprovecharlos. ¿No te parece?
- ¿Y después?
- ¿Quién sabe?

Y me robó una sonrisa.

- ¿Venís?
- ¿A dónde? –Pregunté.-
- Conmigo.

Yo suspiré y me paré para luego sentarme sobre sus piernas. Sus manos se apoyaron en mi cintura y las mías en su nuca.

- Me volves loco Rastita.
- Y vos me estás volviendo loca a mí y no sé cuan bueno puede ser eso.
- Mmm... –Me besó.- No sé… -Volví a besarla.- Lo único que sé es que me encantan tus besos.
- A mí también. –Lo besé.-
- No llores. –Dijo y secó mis lágrimas.-
- Me siento una nena de 5 años.
- Que yo sepa, las nenas de 5 años no chapan así. –Reí.- Te saque una sonrisa.
-Sonreí.- Varias desde que llegaste. –Lo besé.-
- Dale, no te preocupes… Disfrutemos.

Yo asentí y lo besé. Él secó mis lágrimas y llenó de besos mi cara.

- Tengo que irme…
- ¿Qué? ¿Ya?
-Reí.- Hay una feria, porque como es finde largo…
- ¿Y ya tenes que irte?
- ¿No queres acompañarme?
- ¿Te gustaría?
- Mmm… Sí.
- Entonces sí, con todo gusto.
- Tengo que ir ahora porque no armé el stand.
- Entonces vamos.
-Sonreí y lo besé.- Me cambio y vengo.
- Dale.

Nos dimos un último beso y me fui a cambiar.

Pasamos la tarde en medio de risas, mates y ventas. Me daba cuenta que tenerlo cerca me hacia bien y no podía negarlo.

5 comentarios: